La crisis de desplazamiento forzado en Líbano alcanzó un punto crítico tras la intensificación de los ataques israelíes registrados el miércoles, que impactaron más de un centenar de zonas y han dejado hasta ahora más de 300 muertos.
Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la ofensiva ha puesto en riesgo directo a más de un millón de personas, obligadas a huir de sus hogares en distintas regiones del país en Medio Oriente.
El organismo alertó que la capacidad de respuesta humanitaria está ampliamente superada. Más de 680 refugios, que albergan a unas 140.000 personas, se encuentran gravemente saturados. A esto se suma que cerca de la mitad de las escuelas públicas están siendo utilizadas como albergues, lo que ha dejado a miles de niños y niñas fuera del sistema educativo, expuestos a escenarios de miedo, ansiedad y desplazamientos reiterados.
ACNUR advirtió además que zonas previamente consideradas seguras han sido alcanzadas por los bombardeos, provocando nuevos ciclos de huida. Muchas familias han debido desplazarse por segunda o incluso tercera vez en medio de la escalada.
El impacto humanitario se ve agravado por la destrucción de viviendas e infraestructura, particularmente en Beirut, el valle de la Becá y el sur del país. En estas zonas, comunidades completas han quedado parcial o totalmente devastadas, lo que reduce significativamente las posibilidades de retorno para la población afectada.
La situación se produce en paralelo a la consolidación de la ofensiva terrestre en el sur de Líbano, donde la destrucción de puentes sobre el río Litani ha dificultado aún más la movilidad y el acceso.
ACNUR estima que alrededor de 150.000 personas permanecen en el sur del país, enfrentando severas limitaciones de acceso a ayuda humanitaria y con necesidad urgente de rutas seguras en caso de nuevos desplazamientos.

